Viernes 26 de julio
Amanecemos en Hill City y vamos a la vecina ciudad de Nicodemus, donde hay un sitio nacional histórico. Aunque sin centro de visitantes, una joven descendiente directa de antepasados importantes del pueblo, me da la bienvenida y me explica la historia e importancia del pueblo acompañada de dos personas de color que se encargan de tener abierta la caravana con un documental de unos 10 minutos que viene a explicar lo que me acaba de contar la joven.
Nicodemus se fundó en 1877 con una caravana de gente de color cuando consiguieron la libertad al abolirse la esclavitud. Escaparon de las zonas de Missouri donde todavía había un sentimiento profundo de segregación, buscando una vida mejor en una tierra prometida de prosperidad. Se encontraron en Kansas en un lugar inhóspito y desnudo, no obstante, no cesaron en el empeño de buscar una vida mejor y fundaron uno de los primeros lugares por y para negros. Fue creciendo con el tiempo hasta llegar a tener unos 600 habitantes, pero el hecho de que aunque intentaron que el ferrocarril de Kansas Pacific pasará por el pueblo, las presiones políticas desviaron la parada en un pueblo cercano marcaron el comienzo de su decadencia, que fue constante hasta la actualidad donde 30 residentes se niegan a abandonar las raíces donde sus antepasados forjaron una nueva vida en libertad, aunque no exenta de grandes dificultades.
La visita apenas consiste en el paseo por unas pocas calles para ver edificios abandonados importantes en la época próspera del pueblo: la primeras dos iglesias baptista y metodista, la primera escuela y la única oficina de correos y hotel.
De ahi me voy a la segunda y ultima parada en esta visita fugaz en Kansas, el fuerte Larned. Aunque originalmente llamado Pawnee Camp en sus orígenes, con el éxito del camino a Santa Fé, donde inmigrantes buscaron establecer negocios prósperos, el asentamiento fue tomando importancia y el gobierno federal estableció personal y recursos para dar seguridad en ese camino a y desde Santa Fé, el famoso Santa Fé Trail.
Es uno de los centros históricos nacionales mas currados de todos los que he visto, las restauraciones están muy bien trabajadas, el centro de visitantes y el personal es muy atento y entregado a contarte la historia del fuerte, pero lo que me ha cautivado es que tienen personal en el papel de la época: Pete, un herrero con 35 años trabajando el metal, me ha forjado en 10 minutos un gancho para la pared con las técnicas de hace 100-150 años cuando existía el fuerte, un carpintero que hoy le ha tocado atender en recepción en lugar de estar en el taller, un panadero que aunque no he visto si he podido ver el horno totalmente funcional, y una cocinera que por las mañanas cocina con productos cultivados en el fuerte. El resto de la visita es autónoma visitantando las diferentes estancias distribuidas alrededor del patio donde se erige la bandera americana, una configuración habitual ausente de murallas.
A la salida, después de hacer una comida-cena, me pongo camino del próximo estado, rebasando las 7000 millas y las 5 semanas de viaje. Ya he empezado a ver el típico mecanismo de vaivén extractor de petróleo y ya relleno el depósito con precios del galón de gasolina por debajo de $2.50. Ya se huele Texas :)

Comentarios
Publicar un comentario